«Los inmigrantes son más propensos a la delincuencia porque los datos estadísticos así lo muestran», dice un hombre al que llamaremos Santi. «En proporción a la población total, los inmigrantes delinquen el doble», añade con seguridad.
Este tipo de relato está ampliamente extendido. Suele tener por objetivo socavar la inocencia original de los inmigrantes. Suele recurrir al dato, para justificar el relato. Acostumbra a presumir que su relato no es constructivo, sino descriptivo de la realidad en sí misma, una realidad supuestamente reflejada en, y por, los datos. Su relato es, pues, no la unción de unos mecanismos lingüísticos que arrojan luz sobre los datos, sino una red que atrapa la luz misma de los datos. Se presenta como relato objetivo, separado de todo interés ideológico. Se manifiesta casi como una extensión de la ciencia natural. Cuando se le oponen argumentos, su respuesta se simplifica en el sarcasmo detrás de la frase «peléate con los datos». Piensa que la descripción de los datos es la descripción del mundo.
Si hubiera leído a Hume entendería que los datos no son más que eso, datos. Si hubiera leído a John Stuart Mill, entendería que los datos no se explican a sí mismos, sino que necesitan de una interpretación racional que les otorgue de sentido. Si hubiera leído a Kant, entendería que los datos son inseparables de sus marcos conceptuales previos. Por lo tanto, entendería que su relato no refleja la luz de los datos, sino que más bien la cocrea. Si hubiera leído a Quine, sabría que la observación aislada de los marcos teóricos no explican nada y que, por lo tanto, el relato no solo describe los datos, sino que los dota de un sentido.
Si simplemente se hubiera dado a la lectura, se ahorraría su ignorancia y a nosotros su arrogancia. Y lo que es más claro todavía, si la sociedad en general se hubiera dado a la lectura y no tanto al entretenimiento, no haría falta que escriba estas palabras.
Descubrir la verdad detrás de los datos, hacer emerger de ellos la luz que efectivamente albergan, requiere de paciencia. Los datos gustan de ser tratados con cariño y aprecio. Exigen tiempo. Ya que nacen desnudos, necesitan a alguien que les enseñe a vestirse de palabras con sentido. Pero nuestra sociedad vive sin tiempo, sin paciencia. Ella misma anda desnuda y se prestó a ser vestida por otros, otros que por desgracia tenían muy mal gusto.
